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Las cosas que debemos saber sobre durangueñeidad

Por: Emiliano Hernández Camargo.
A Juan Nava Stenner y a mí nos hermana la pasión por Durango. Son sus palabras el aval de la responsabilidad que hemos asumido de “rescatar los valores duranguenses y proyectarlos hacia el futuro para preservar una identidad que nos es propia sólo a nosotros, a nuestra tierra y que seguramente sin renunciar a nuestra orgullosa mexicanidad nos hace diferentes”. Por ello le doy la bienvenida a su nuevo libro. “Entre Durango y el Cielo”.
En este texto me refiero al origen y proceso de construcción del concepto. A su naturaleza y componentes esenciales. Asimismo al movimiento de reflexión que se ha venido dando sobre “lo durangueño”, en la comunidad cultural, entre quienes vivimos en territorio estatal y los que por diversas circunstancias residen en otras entidades federativas ó en el extranjero.
En concordancia con los propósitos de este libro emblemático que tienen en sus manos, el texto que sigue va dirigido a los duranguenses – Capitulo segundo de la Constitución Política del Estado de Durango – y a quienes se sienten durangueños. Especialmente a los jóvenes, a los migrantes y a los que en el extranjero están en vías de adquirir la doble nacionalidad. Se enfoca en las cosas que debemos saber sobre Durangueñeidad. Tomo en cuenta el derrotero segundo en la configuración del concepto que desembocó en la formación de mi libro, La Durangueñeidad. El Orgullo de lo Nuestro y las aportaciones de otros autores al mismo tema.
Mi versión inicial de la identidad duranguense es de 1978. Surgió en diálogos con el Ing. Jesús Tébar Rodríguez y el Lic. Alejandro Martínez Camberos. Se soportaba en los elementos de identidad cultural, la naturaleza, la arquitectura, la poesía, la elocuencia, el ITD y los duranguenses que por su trayectoria nacional y mundial eran prestigio y fortaleza del estado. Mi primera aproximación a la definición de Durangueñeidad se produjo en 1988 y en la década de los noventa se convirtió la Durangueñeidad como uno de los ejes del Programa de Cultura e Identidad Duranguense del gobierno del estado que se implementó con la participación del historiador Javier Guerrero Romero.
Esta vez me anima la intención de dejar algunas pistas a quienes se preocupan por el estudio y la divulgación de las principales características del “ser durangueño”, tomando en cuenta que centro de nuestra atención es Durango. El territorio de nuestra entidad federativa y la ciudad capital. Puntos de referencia son, la identidad cultural, nuestra trayectoria histórica, el sentido de pertenencia y los valores y obligaciones que nos convierten en integrantes de la durangueñeidad activa.
I. Duranguense o durangueño es el gentilicio de los que somos ó nos sentimos de Durango.
El haber nacido en Durango nos hace durangueños y el residir en el territorio del estado nos convierte en duranguenses – según la explicación del cronista de la ciudad y autor del libro Leyendas de Durango, Manuel Lozoya Cigarroa – pero a decir de mi inolvidable amigo el lingüista Arrigo Coen, en 1991, también lo son los que adquieren esa investidura por el “derecho de sangre” (jus sanguinis). “En mi – decía – por la sangre que me filtró la placenta de una ilustre, y siempre orgullosa durangueña, Pancha Anitúa, más tarde la sublime contralto de fama internacional Fanny”.
No obstante reconozco que largo y fecundo ha sido el debate sobre el uso del gentilicio adecuado para designar a los habitantes de Durango. Hay que recordar que Durango es el nombre de nuestro estado, del municipio y de la ciudad capital de la entidad (Victoria de Durango) y que ciudades con el mismo nombre existen tres, Durango México y Durango Estados Unidos y la más antigua de ellas, justo de las que se derivó el nombre de ambas es la pequeña población de Durango de la provincia vasca en la Vizcaya española, donde se aplica el gentilicio de durangués, para designar a los oriundos de esa tierra.
En nuestro estado, los habitantes de las diversas poblaciones de la entidad, se reconocen indistintamente como durangueños ó duranguenses, sin que en el medio rural exista una diferenciación especifica para designar a los habitantes de la capital del estado, de igual forma los habitantes de la capital no designan de una manera diferente a los habitantes del medio rural sólo como duranguenses sino que se usa de manera indistinta cualquiera de los dos términos.
En lo que respecta al gentilicio, yo personalmente utilizo duranguense ó durangueño, sin una distinción, retomando la definición que aparece en el “Diccionario de Español Moderno” de Martín Alonso, en el que señala que “duranguense es un adjetivo que significa “del estado mexicano de Durango” ó “relativo a este estado” y dícese también durangueño”.
Pero en el esquema de Arrigo, todos en mi familia somos duranguenses ó durangueños. Mis padres y mis ocho hermanos y mis hijos y nietos nacidos en el territorio de Durango. Mi esposa y dos de mis hijas y nietos que nacieron, respectivamente en Sinaloa, Oaxaca y la ciudad de México. También mi yerno y un nieto que nacieron en Estados Unidos y vivieron en Durango. Todos nos sentimos duranguenses ó durangueños. El sentido de pertenencia va más allá de donde se nace y reside. Todos somos igualmente duranguenses ó durangueños porque la identidad se lleva en la sangre, en el sentimiento, la voluntad y el compromiso.
II. La idea de la Durangueñeidad ha estado siempre presente en el alma colectiva de todas las generaciones, vinculada a la ciudad, desde los inicios del mestizaje en el siglo XVI y al estado desde su formación en 1824, como entidad federativa de la República.
En una mirada retrospectiva, el sentido de pertenencia a nuestra tierra y su evocación siempre se ha hecho presente en el inconsciente colectivo de los duranguenses de todas las generaciones – en sentimientos, emoción, memoria, razón y conocimiento –, pero a los de mi generación les ha tocado contribuir a la reafirmación de la identidad duranguense en el marco de lo nacional, del siglo XX, y de la globalidad avasallante del siglo XXI.
La configuración de “lo duranguense” empezó en el siglo XVI y se ha ido redefiniendo en un proceso que llega a nuestros días. En los tiempos de la Nueva Vizcaya (siglos XVI, XVII y XVIII) en que la ciudad de Durango fue sede del gobierno político y cabeza del arzobispado que gobernó espiritualmente el septentrión hispano, y a partir de la formación de la República, en que se crea Durango, en 1824, como Estado Libre y Soberano de los Estados Unidos Mexicanos hasta nuestros días pasando por los periodos históricos de la Reforma y la Revolución Mexicana, en la que a decir del historiador José de la Cruz Pacheco, Durango ocupó una posición central y se generaron diversas identidades en el marco del nacionalismo mexicano. Durante esos cinco siglos nos hemos identificado con Durango, primero con la ciudad y después con el Estado.
Ese es el punto de referencia de nuestro sentido de pertenencia e identidad histórica y cultural. Ahora bien, los durangueños también nos decimos norteños, término que se aplica a todos los habitantes de lo que anteriormente se llamaba “la tierra bárbara del Norte”, donde, como lo señaló irónicamente José Vasconcelos, termina la cultura y empieza la carne asada. Las características antropométricas de los norteños, en particular, en relación con los habitantes oriundos del centro y sur del país, son muy señaladas y tienen su origen en factores eminentemente étnicos. En el centro, sur y sureste del país se produjo desde la conquista un proceso de mestizaje diferente al que se gestó en la región Norte, ya han apuntado los estudiosos Jiménez Moreno y Guerrero Romero que los elementos que determinan el llamado indomestizaje del centro y sur, en relación con el euromestizaje del norte es diferente.
III. La Durangueñeidad es un amor comprometido con Durango que conlleva la obligación moral de engrandecer al Estado.
La palabra Durangueñeidad compuesta por la raíz que forman la palabra Durango, nombre de nuestro estado, del municipio y de la capital, y el sufijo “dad” que proviene del griego y significa propiedad ó cualidad, se refiere precisamente a la cualidad de lo duranguense, a sus características especificas y propias. La formación de la palabra durangueñeidad proviene de un proceso lingüístico denominado nominalización, el cual se realiza cuando una actividad, condición ó relación continua (verbo, adverbio ó adjetivo), se representa como objeto o sustantivo (Picallo, 2003: 365).
Una primera versión del concepto la escribí en 1988, desde la perspectiva de los que vivíamos en la ciudad de México. Entonces me referí a los Hombres y Mujeres ilustres de Durango. Nos movía el amor a Durango, un – amor en acción –, difundido como “un amor comprometido… de hacer crecer a Durango, con el corazón, el cerebro y las manos de los que habitan dentro de sus límites geográficos así como los de la diáspora”. Eso subrayamos era “en una palabra cumplir con el deber moral de la Durangueñeidad”…
Al subrayar la esencia del concepto puntualizaba “la Durangueñeidad… es una obligación moral… pues se trata sobre todo de fidelidad a las raíces, a la entraña vital, al riñón de las vivencias ancestrales. Por lo demás es una fidelidad inculcada en el seno del hogar, de padres a hijos, de generación en generación. Como fijador de esas primigenias imágenes actúa el pasaje, el entorno vital, el medio ambiente de resonancias tradicionales. Así se integran en un profundo contexto histórico”.
IV. La Durangueñeidad es uno de los valores de los duranguenses. Es identidad histórica y cultural.
¿Pero cuales son nuestros valores y símbolos y que es la identidad duranguense? Entre los valores que se han mantenido como constante e ideal de nuestro “ser durangueño” figuran: La franqueza, la lealtad, la hospitalidad y la solidaridad familiar. Respecto a los símbolos tradicionales que nos identifican, todavía perviven, y son punto de conexión con los duranguenses de las distintas regiones del estado, entre otros, la Catedral, el Centro Histórico, la Sierra Madre, la flora y la fauna, el Bolsón de Mapimi, La Laguna, Francisco Villa, Guadalupe Victoria, el alacrán y el Cerro de Mercado. Pero más fuertes aún son nuestras tradiciones.
La identidad duranguense es un proceso que se expresa a través del lenguaje, de la construcción de símbolos y estereotipos que el ser duranguense va construyendo o consumiendo a lo largo de su vida; no es un fenómeno que pueda explicarse en sí mismo como un proceso racional de conocimiento y aprehensión de la realidad. Las personas racionalizan su mundo, pero también lo viven a través de sus emociones y sentimientos.
El término de identidad se refiere al conjunto de lazos y descubrimientos que desde el origen de la colectividad duranguense vamos construyendo y encontrando hacia fuera y hacia dentro de nosotros mismos, de nuestro ego cultural. En el caso de los duranguenses lo que nos caracteriza por ejemplo como individuos y como estado, el acento, el folclor, la vestimenta, la comida, hasta la forma en cómo pintamos nuestras casas, reímos o lloramos, nuestra historia y hasta la visión que tenemos del proyecto que queremos para el estado y municipio o la influencia que obtenemos del entorno territorial y la naturaleza.
Los duranguenses por ejemplo vivimos unidos al sentimiento familiar, al núcleo de origen; a la comida, a la música, a la poesía. Como dice la poetisa Elia María Morelos, en Kicham, “En Durango la luna, es otra luna”.
El ser duranguense parte de una noción local y regional, y en esta dimensión, sé es diferente del zacatecano o del sinaloense, sin dejar de ser mexicano. Cuando somos conscientes de las diferencias que existen frente a los demás comienza la construcción propia de lo que somos. De lo que nos identifica. En otros aspectos, lo que define a la comunidad son también los factores sociales, culturales, étnicos, lingüísticos, económicos y territoriales; así como la conciencia histórica.
La historia de Durango es, por mucho, diferente a la de Chiapas ó a la de la Ciudad de México. Incluso diferente a la de La Laguna. Esa diferencia palpable, en la cual están involucrados aspectos étnicos, económicos y espacio-geográficos, determinaron y determinan la construcción de la personalidad de estos lugares. (De ahí la propuesta de una nueva periodización de la historia de Durango en el siglo XX).
La concepción de identidad duranguense, desde una perspectiva holística, considera además los siguientes aspectos esenciales, somos duranguenses porque así lo entendemos y porque así lo entienden los otros. La identidad es producto del devenir histórico y atraviesa distintas etapas; continuamente se está reproduciendo, situación que le permite desarrollarse y enriquecerse o debilitarse e incluso desaparecer. En este aspecto, el duranguense del siglo XVII en nada se parece al de principios del siglo XX o al duranguense que inmerso en la globalización, observa su mundo desde otra perspectiva.
La identidad de un grupo no significa completa homogeneidad entre sus miembros, ella no niega la diversidad, la heterogeneidad en su seno; aunque predomine lo común como regularidad. Este aspecto es interesante acotarlo pues, existe una identidad duranguense, pero dentro de ésta se admiten diferencias palpables entre sus habitantes. Así pues, el habitante de las zonas urbanas, difiere en mucho del campesino o de aquel que habita la región de las Quebradas. La identidad no significa pues igualdad, pero si pertenencia.
V. La cultura popular, las fiestas tradicionales y las ferias refuerzan la identidad duranguense y el sentido de pertenencia.
El fortalecimiento de la identidad, entendida como el reconocimiento de la tierra, de las tradiciones, las costumbres, las fiestas, la afirmación de lo propio, conforma los elementos que dan sentido y necesidad del retorno a la tierra y participación activa en las fiestas y tradiciones comunitarias de quienes permanecen en ella.
Los recuerdos de las fiestas y costumbres tradicionales fortalecen los lazos de unión de las comunidades aunque sus integrantes se encuentren alejados, buscan de una u otra forma el acercamiento a las mismas, ó cuando menos el goce mediante el recuerdo de la festividad que en esos momentos se realiza en su tierra.
Las fiestas y celebraciones populares, tienen dos orígenes fundamentales: las vinculadas a los procesos religiosos relacionadas con el cultivo y fruto de la tierra, y recientemente en los centros de población urbana con un origen económico denominadas ferias, aun cuando las tradiciones y fiestas populares permanecen en prácticamente todos los barrios de las ciudades.
Las fiestas patronales de las poblaciones y barrios, contienen un alto denominador religioso, en muchas de ellas se han fusionado elementos paganos que les dan singularidad. A pesar de que en las actividades que se realizan, como las reliquias, los atoles, el ofrecimiento de ceras o flores, han ido desapareciendo, el sentido de su origen permanece como rango distintivo del mismo. Aún cuando muchas familias ya no saben por qué hay que realizar las reliquias por ejemplo, saben sin embargo que la fiesta sin su reliquia no tiene el sentido ó el sabor de la tradición heredada, por lo que éstas se continúan realizando.
Los inmigrantes regresan a las fiestas de su tierra y cuando por una u otra razón no es así, justo en las fechas de las mismas realizan, consciente ó inconscientemente actos de reflexión, de recuerdo y añoranza, esto es justamente el principio de la identidad, el sentido de pertenencia a un lugar, a un espacio, a una comunidad, del que se puede obtener lo mejor, donde están los más importantes recuerdos, donde se han forjado las costumbres más profundas de la convivencia social, donde se han inculcado los valores sociales y morales que dan identidad como pueblo, base de la identidad de la nación.
Más allá de las tradiciones, se han impulsado algunas fiestas de origen comercial, como la Feria de Durango. Otras más, como la de Gómez Palacio, se ha convertido en una importante feria industrial y comercial más allá de la feria agrícola de la uva y del algodón. Estas fiestas conformadas para comunidades urbanas de gran dimensión, integradas por numerosas y pequeñas comunidades y por barrios y colonias, no han llegado a tener la penetración – por ajenas – en la comunidad, convirtiéndose en realidad en grandes momentos de esparcimiento y fiesta.
VI. la identidad duranguense como la vida misma es algo en permanente construcción e impacta a las comunidades extranjeras donde residen los integrantes.
La identidad duranguense se ha ido re-dibujando. Al respecto la maestra Guadalupe Rodríguez López, Directora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UJED, nos dice: elementos como la abrumadora e histórica migración al vecino país del norte (más de 400,000 duranguenses viven allá), que ha impactado tanto al gringo como al durangueño; por el paisano va y regresa, por que va y se lleva a la familia y con ella se lleva su gusto por el chile y la tortilla; pero también regresa y llega con las maletas repletas de ropa gabacha, con sendas reproductoras de música tex-mex y hablando en florido espanglish y con todo aquello esparce como una estela en el pueblo, la idea de que vale la pena jugársela. Y qué decir de ese otro elemento insoslayable que igual juega en la reconfiguración de nuestra identidad como es el marco, actividad que, sin duda, ha preñado ya nuestra cultura; los niños de la sierra viven la siembra y la cosecha de la hierba como parte de la vida, y así la suman a sus juegos infantiles, en la sierra aprenden a imaginar y a ser los futuros sembradores, distribuidores, capos, quizá; el narco ha llegado a los altos niveles de la política; también ha impregnado a los jóvenes citadinos quienes se amoldan a una manera de ser de ostentoso machismo y desdeño por la vida. Los narcocorridos se pasean los domingos por la veinte de noviembre mientras la banda de música del estado toca en el Kiosco como hace más de cien años.
En cuanto a los trazos sobre la identidad del durangueño ella resalta nuestras coincidencias. Pero nos deja la reflexión sobre los ritmos que los durangueños imprimimos a la vida, “ritmos que los durangueños le imprimimos a la vida; ritmos lentos, pausados, que, para mi gusto, también definen nuestra manera de ser; son ritmos que yo me he preguntado si tienen que ver con el tardío arribo de los trenes a Durango, o tal vez con el clima, o con el azul del cielo, o con el Cerro inamovible. Para mí no es claro pero lo que sí sé es que en Durango el tiempo aún no se reduce del todo a dinero (Thompson); algunas horas son todavía marcadas por las campanas de las iglesias; los lunes son para muchos extensión del domingo y en las plazas hay gente a toda hora; niños correteando, viejos contándose historias y jóvenes intercambiando besos. “Nos sentimos duranguenses porque así lo determina también nuestro sentimiento”.
VII. Es importante estudiar, difundir y construir la Durangueñeidad con la participación del gobierno y la sociedad.
Pero, ¿por qué es importante hablar sobre la identidad cultural y específicamente la durangueñeidad en tiempos de la globalización? Precisamente por la imperante necesidad de afirmar la cultura ante los retos que presentan los cambios vertiginosos y el fenómeno de aculturación (o mezcla de costumbres ajenas). La postmodernidad ha traído la globalización, la interacción de las diversas nacionalidades, la construcción de la aldea global y la mediatización de la sociedad. Ha enarbolado a la libertad, la igualdad y la democracia; los derechos humanos, pero también ha propiciado el individualismo, el anarquismo, consumismo y la alienación del hombre a la cosificación, además de un achicamiento del Estado.
Ante esta perspectiva, la postmodernidad representa varios retos para los estudiosos de la identidad cultural y el sentido de pertenencia. En primer lugar la desaparición de las fronteras nacionales mediante la globalización. La mediatización de la sociedad, la individualización, la pérdida de valores, etc. Es por ello que el estudio de la durangueñeidad, en este caso, representa un intento por conservar las características más esenciales del duranguense: el amor por el trabajo y por su tierra; la cohesión familiar, la religión y el respeto por prójimo.
La intención de abordar además los conceptos de la durangueñeidad es para definir el origen y el destino de nuestra cultura, de aquello que nos hace sentir duranguenses. Se trata entonces de establecer el rumbo de nuestro futuro como duranguenses y de conservar y preservar los valores característicos que nos distinguen de los otros y que nos hacen sentir orgullosos de nuestro pasado, en donde la identidad sea el hilo conductor de los planes de desarrollo, con visión de futuro, de Durango.

Una identidad grandiosa

Por Juan Nava Stenner
Como sabemos, nuestro planeta padece actualmente afecciones ambientales como el calentamiento global, la disminución de la capa de ozono, la emisión de sustancias tóxicas, la lluvia ácida, la erosión, la degradación de la tierra, la contaminación del aire, el suelo y el agua que son problemas que llaman la atención y que ya en algunos lugares del planeta causan síntomas de alarma. En Durango, el aumento de la temperatura tanto en la región de las quebradas, de la sierra, de los valles y del componente propio del desierto chihuahuense, nos ha hecho padecer este año una intensísima sequía rompiendo cifras record de calor y estiaje que han impedido el desarrollo económico óptimo en ganadería y agricultura. De esto se habla en el mundo, cuando vimos las escenas de cómo algunos glaciares de la Patagonia y de Alaska empezaron a flotar en el mar perdiéndose millones de litros de agua dulce, tan necesaria para la vida y tan escasa en algunas latitudes como ya vimos.
Para hablar de conservación. Hay primero que hablar de las eco regiones terrestres prioritarias, conocidas como ETP, ese reducido numero de lugares en el mundo que gracias a su biodiversidad pueden llamarse los últimos lugares vírgenes del planeta, De estas 25 ETPs diseminadas por el globo terráqueo 88% de sus endemismos está perdido y sólo un 1% se ha conservado natural, desde el principio de la historia. Lo demás ha sido ocupado, arrasado, convertido o destruido por el hombre.
Durango al pie de la Sierra Madre Occidental y al lado del gran desierto de Chihuahua que ocupa un 60% del territorio duranguense. Forma parte de una Eco región Terrestre Prioritaria de Norteamérica gracias a sus bosques de pino-encino que es vegetación preponderante. Estos bosques duranguenses rodales monoespecíficos tiene pinos y oyameles (Abies), es diverso en tipos de encino (Quercus). México posee el mayor número de especies de pinos en el mundo con 44 de las 110 especies existentes. México tiene de 135 a 150 especies de encinos. De esta población, Durango es uno de los principales estados del país cuya población de pino-encino, marca la existencia de esta ETP que también se extiende a la Sierra Madre Oriental, al Eje Neovolcánico y parte de la Sierra Madre del Sur. En esta ETP donde queda comprendido Durango comprende unas 40 montañas por sobre los 3300 metros de altitud conocidas como islas de Montañas. La más alta es el monte Graham. en Estados Unidos, luego la montaña Muignora en Chihuahua y luego el Cerro Gordo, y el Huehuento en Durango. La ETP comprende las quebradas más profundas de la Sierra Madre Occidental, que son Mezquital, Piaxtla, Real de Ventanas todas con 2000 metros de profundidad desde la cúspide de la sierra, más profundas que las barrancas del Cobre de Chihuahua y sólo superadas por una Ubicada en el estado de Oaxaca. Se reconocen 525 especies de aves de las cuales 23 son endémicas estrictas. Existen 5300 especies de plantas fanerógamas pero la Conabio asegura que el número puede crecer a 6300, se conocen 384 especies de reptiles y 84 especies de peces de ellas 18 son endémicas como la carpa de la familia Cyprinidae. De las 35 especies de ardillas que hay en México 5 son tamias o chichimocos, las 5 son endémicas de México pero sólo dos son nativas de estas latitudes de la sierra madre, las dos en categoría de riesgo. La tamias merriami y la tamias durangae. Hay 218 especies de anfibios y casi 200 especies de mariposas. La ETP tiene 328 especies de mamíferos. En esta etp donde está Durango junto con otros 12 estados de la república mexicana hay especies emblemáticas como el gorrión serrano endémico en Durango en categoría de riesgo, la cotorra serrana oriunda de la sierra madre muy escasa protegida por la norma mexicana, en Durango se hallan tres especies de trogones, el elegante, mexicano y orejón conocidos como Coas, hay la urraca pinta nativa de esta ETP compartida entre Durango y Sinaloa, el lobo gris mexicano aunque su distribución esté extinta es emblemático de nuestra latitud, el pájaro carpintero imperial, extinto, el león de montaña escaso, el gato lince escaso, el pitón , extinto, y todas estas cifras contrastadas y verificadas por organismos internacionales que marcan que los bosques de pino encino de Durango son proclives para la vida y merecen el más acucioso rescate y protección. Motivos para sentir orgullo por nuestra tierra, ubicada por Dios, por la naturaleza, por el destino en un lugar del mundo, que es por excelencia megadiverso.

Durango quiere decir “más allá del agua” o “vega entre ríos” en Euskera, idioma vasco, el escudo de armas es un reflejo del pensamiento español y de la época de la Conquista, dos lobos en actitud de correr que llevan en el hocico un cordero blanco o presa menor cada uno, con huellas de sangre que les brotan por haber hincado los dientes en ellas. Un árbol de roble símbolo de libertad como así se considera en Durango España donde abundan, un cielo azul de una mañana despejada y espléndida, dos ramas verdes de palma, el símbolo de la Corona que remata en una esfera que representa el globo terráqueo de donde surge una cruz latina. En la Villa de Durango vivió el hombre más acaudalado de toda la Colonia española Juan Joseph Zambrano que explotó fabulosos yacimientos de oro y plata que lo convirtieron en el hombre más rico quizá del naciente continente, dueño de minas fabulosas y luego de fincas muy significativas para la durangueñeidad. Durango fue la provincia más grande que jamás tuvo España pues llegó hasta Santa Fe en el camino de la plata, el Camino Real de Tierra Adentro. Alguna vez siendo la Nueva Vizcaya lo que hoy es Arizona, Nuevo México, Texas, Chihuahua, un inmenso territorio que originó una identidad valiente, aventurera, creativa, trabajadora, que retó a través del destino a la historia donde convivieron españoles, criollos, mestizos, indígenas, xiximes, acaxees, tepehuanes, entre otros, una tierra grandiosa, rica en recursos naturales que forjó una identidad que aún perdura.

Duranguenses o durangueños, es el gentilicio que utilizamos los que somos o nos sentimos de Durango. Una investidura que se adquiere por derecho de sangre (Jus sanguinnis) pero que se debe usar como sentido de pertenencia de donde se nace o de donde se reside. Todos somos duranguenses o durangueños porque la identidad se lleva en la sangre, en el sentimiento de pertenencia, en la voluntad y en el compromiso. Ser duranguense o durangueño es el compromiso inobjetable de luchar por engrandecer al estado. Es la obligación moral, la obligación cívica, ética, de trabajar unidos, ser solidarios, vivir en paz una vida productiva, de honestidad y de servicio, que enaltece los más grandes valores de la durangueñeidad, que son: ser hospitalarios, francos, solidarios con el respeto más sublime al valor de la unidad familiar que nos heredó con su visita el Papa Juan Pablo II .Respetuosos de nuestros símbolos que nos identifican para con el resto de la patria, como dice la poeta Elia María Morelos,”La Luna de Durango es otra Luna”, La Catedral de Durango, El Centro Histórico, la Sierra Madre, La flora y la fauna, el Cerro del Mercado, Pancho Villa, Fanni Anitúa, Dolores del Río, El Parque Guadiana, la comarca lagunera, el pinole de Santiago Papasquiaro y los alacranes de Durango. La identidad duranguense se expresa con orgullo y motivación bajo ese cielo azul cobalto que fascina a propios y extraños. El duranguense tiene vocación histórica y cultural y esa es nuestra diferencia de los sinaloenses o los tamaulipecos, sin dejar de ser mexicanos los duranguenses tenemos una identidad diferente que nos es propia, vivimos la patria con el sudor de la frente.
Me gana la emoción el hablar de Durango, mil motivos hay para hablar bien de Durango, y es obligación moral engrandecer al estado como buenos duranguenses o durangueños.
Hoy nos ocupa, el arranque cuidadoso y sentimental, de una nueva proyección de uno de nuestros máximos símbolos históricos de la durangueñeidad: El Parque Guadiana, testigo fiel de nuestra historia donde se tejieron mil historias de amor y convivencia de abuelos y padres. El Parque Guadiana el máximo paseo de los duranguenses que junto al bello recinto del Ojo de Agua y del moderno Parque Sahuatoba émulo del joven eterno que se hizo estrella será erigido como uno de los símbolos más grandes de la durangueñeidad, para orgullo de todos, para presumirlo y vitorearlo, tal como lo hacen los de Chihuahua que presumen por lo bonita que es, como Jalisco cuya capital huele a tierra mojada o como escribió Ramón López Velarde, “bajo un cielo cruel y una tierra colorada”, Nosotros digamos Nuestro parque Guadiana, nuestra identidad, nuestra historia, y el gran pueblo que es el duranguense…….

Durango, una ciudad hermana en Euskadi

Ahí nacieron Fray Juan de Zumárraga primer Arzobispo de la Ciudad de México y Bruno Mauricio de Zabala, fundador de Montevideo.

Durango, Biskaia, España. (La Voz de Durango).- Rodeado de atlantes míticos, como si hubieran sido tallados por una mano divina para darle al valle de Biskaia una personalidad propia, recia e imponente, extensas murallas de montañas protegen a Durango, nuestra hermana ciudad en la provincia de Euskadi, una vasta plaza verde donde el monte Udala, el Mugarra y el Amboto, coronan un urbanismo natural que como una utopía emerge en la Cordillera Cantábrica. ¡Es una emoción constante! En busca de los orígenes, y crece cuando el reportero se admira del paisaje imponente que quizá hace cuatro siglos recordó Don Francisco de Ibarra a lo que llamaría el Valle del Guadiana, 12 mil kilómetros al lado inverso del reloj y hace más de 445 años en un mundo nuevo, apenas descubierto, lleno de retos, cuando el insigne colonizador español contaba apenas los mejores años que da la vida a las ilusiones y bonanzas, Durango como su patria! Lo llamó.

En medio de un imponente paisaje natural, con bosques y praderas extensísimos donde destacan largas columnas de robledales (Símbolo de durangueñeidad) se encuentran las elevadas cimas del Udala y el Amboto cuyas cúspides se llenan de nieve cada año y que abren un camino al mar natural por medio del río Ibaizabal, se encuentra Durango como un parque natural ciudad rodeada de agua, montañas, verticales paredes graníticas por donde un día pasó el viajero portugués Antonio de Padua rumbo a Italia, es Durango un extenso valle verde rodeado de montañas donde los pastores vigilan sus rebaños y los leñadores aún levantan sus piras en la producción de carbón vegetal. Ahí cerca está la montaña de Oiz donde se halla una cueva en la que habitaba en tiempo inmemorial la mítica y elegante dama de Mariurrika donde se escondían los perseguidos por la Inquisición y los reyes de Castilla se abre este valle. El valle de los durangarras señorial como los valles de Silicon Valley en California, el Valle de los Reyes en Egipto, el apocalíptico valle de Josafat en Israel, montañas y llanuras como diseñadas por gigantes, igual, que el Durango de México, diseñado por Dios.
¡Qué sublime semejanza entre los dos Durangos! Qué gallardía la de Don Francisco de Ibarra, dejar aquellos paisajes en busca de aventura y conquista, para sólo con la señal de la cruz llegar a otro paisaje similar, abrupto, prístino, salvaje, y vencer para que la nueva villa “a la que llamó “Durango” emergiera en el tiempo comparando a sus ancestros y sus orígenes.

Notable similitud entre esas majestuosas montañas que emulan gigantes en posición de vigilantes con la Sierra Madre Occidental mexicana en su lado duranguense, donde se erigen dos vigías imponentes, el Huehuento y el Cerro Gordo y más allá, la montaña Muignora, entrandito a Chihuahua.
“Vega entre dos ríos” significa la palabra vasca “Durango”, por un lado el río Mañaria que atraviesa la ciudad española y el Ibaizabal que atraviesa el señorío, de ellos se forman numerosos arroyuelos y vetas y hasta una desembocadura en el mar. Visitando la región quise lo primero empaparme de sus costumbres, oír sus historias y cuentos, andar sus caminos y veredas, subir y escalar sus montes, como lo hago en Durango mi patria chica mexicana. ¿Qué habrá visto Ibarra en el desértico norte de México? Qué habrá descubierto en ese entonces sino un amor descrito con el corazón por su tierra, amor que hoy los durangarras pregonan y defienden, que se habla como lo definió Francisco de Quevedo en sus prosas, “amor que habla con el corazón”.
El Durango español es probablemente una palabra de origen celta y en los inicios de la historia, habría sido llamado pueblo de Tabira. En Durango nació Fray Juan de Zumárraga el protector de los Indios, primer Obispo y Arzobispo de la Ciudad de México y recibidor directo de manos del indio Juan Diego de las “Rosas del Tepeyac” que le entregó la Reina de México, la Virgen de Guadalupe “al más humilde de sus hijos” y nació también en Durango Don Bruno Mauricio de Zabala fundador de Montevideo Uruguay, Don Francisco de Ibarra fundador de Durango, México y descubridor del Valle del Guadiana que conmovido por la notable similitud con su patria, la llamó igual dando origen a la villa que hoy ciudad de Durango es hermana de la española donde Don Francisco es recordado en la céntrica avenida que lleva su nombre.

¡Qué parecidos son los tres Durangos, tanto este, como el mexicano, como el Durango, Colorado, norteamericano!

De España me sorprende la frondosidad de los árboles pues tratándose de una latitud al nivel de lo que está Canadá, la frescura, lo tupido de los bosques contrastan notablemente con otras regiones españolas. Durango tiene bosques envidiables, notablemente cuidados y protegidos, todo el perímetro de Biskaia provincia donde se encuentra Durango es un parque natural con abundancia de fauna donde se pueden encontrar lobos europeos y osos negros libres que quizá no hayan visto al hombre nunca en las escarpadas cumbres, abundancia en avifauna y especies de mamíferos menores muy variada como el zorro y otros vitales para el ciclo de la vida. Para los durangarras, como se denomina en idioma vasco su gentilicio, su máximo atractivo turístico son las tontor durangaldeko o cumbres montañosas adonde llegan franceses, españoles, alemanes, italianos, japoneses, norteamericanos para practicar el escalamiento o simplemente disfrutar de la campiña duranguesa (vital gentilicio castellano) actividad en aumento y que deja miles de Euros en utilidades anualmente. Aunque boscoso por excelencia, el cuidado por el bosque es extremo, celoso, nunca derribarán un pino sin necesidad, pues también los durangarras se dedican al comercio, la industria, el hierro, el mar y otras variadas formas de trabajo y desarrollo. Las escuelas están llenas de símbolos ecológicos y la materia se imparte junto a la historia del duranguesado. El Ski alpino es también una actividad deportiva reconocida, pero es el juego de pelota vasca el principal deporte nativo de la zona donde Durango es una de las principales potencias de Euskadi.

Durango España en encuentra en un punto Geográfico donde se hallan tres territorios vascos: Alava, Guipúzcoa y Vizcaya, éste nombre castellano del vasco Biskaia, y el cruce de vías de comunicaciones entre la meseta y el mar. Aglutina caseríos de memorias ancestrales como la Villa de Elorrio, el Apatamonasterio, Berriz, Zaldibar. Se habla el idioma Euskera que no lleva acentos y se come la chuleta de cordero, el garbanzo en caldo, las patatas fritas, las alubias, las lentejas, el filete de Mero y Merluza y las albóndigas.

En mi deambular por el Udala (Ayuntamiento) conocí a Antonio Palacios que se desempeña como encargado de la oficina de comercio interior en el nuevo Ayuntamiento de la ciudad y quien se alista como guía sin condicionamientos de ninguna especie “El durangarra o durangués es recio de carácter, de posición firme, trabajador, habita en el corazón del país Vasco, cerca de Bilbao, cerca de San Sebastián, miles de durangarras hicieran la mar, viajaron al nuevo continente dice Antonio Palacios con su semblante orgulloso de su ciudad” Que no hay otra ciudad más bonita que Durango” confirma. Y Vamos al Ayuntamiento y vamos a museos y palacios.

Al Parque Eskurdi donde se halla “el cuervo” Fray Juan de Zúmarraga, así porque la esfinge es negra, vamos al parque Pinohondo y vemos la estatua del filólogo Pedro Pablo de Astarloa, recorremos la Barrenkalea (Calle nueva), y topamos con la Zedharkalea (calle que atraviesa) y contemplo el puente de San Agustín donde pasa el río Mañaria y clik clik clik hago fotos y fotos ante la mirada interrogante de jóvenes y viejos, vamos por la Goienkalea (calle de arriba) y en una de esas, probamos la mejor comida duranguesa de la ciudad en el restaurante Txantonesa donde amable y jovial Ely la encargada comprueba que todo esté bien ordena un cuidado especial en el servicio al “reportero mexicano”. Ahí entre el humo de los Ducados y el sabor apacible del vino tinto de la casa en la copa ancha, Ely va y viene y ordena de nuevo a Yamilka Romero su compañera que el reportero pruebe las chuletas y que no le falte el vino, que sirva más lentejas y más alubias, que se lleve la mejor impresión.

No falta quien en el bullicio y el humo y al ver mis cámaras fotográficos y a mi apuntándolo todo con lápiz me pregunta “¿eres argentino?” Pocos latinos vienen aquí dice otro. Soy mexicano-contesto. Es duranguense del Durango de México replica Antonio Palacios. Yamilka Romero sirve todo apenas en un santiamén y Antonio Palacios confirma que en txantonesa se sirve la mejor comida duranguesa. A ese Durango alguna vez se le denominó “Pueblo de Sapos” o Sapuherry por la cantidad de batracios que se podía encontrar, y pronto llegamos al Arco, una de las antiguas puertas de la ciudad a la que se le llama Santa Ana donde se distingue al fondo la ferrería otra similitud con el Durango nuestro! Ya que ancestralmente había en Durango, España una potente red de talleres ferrones expertos en fundición y en la manipulación del hierro. Las ferrerías instaladas en los bosques altos de la cordillera de Oiz, del monte del Udala y del Mugarra, fueron bajando a la orilla de los ríos Mañaria e Ibaizabal.Hoy no queda ni una pero forman casonas antiguas convertidas en mesones o museos.

Durango Biskaia posee notables adelantos para su entorno de ciudad pequeña, una modernísima biblioteca municipal, un Museo de Arte e historia duranguesa en donde se encuentran episodios como la fundación de Durango, México hace 445 años, El Auditorio San Agustín Kultur Guinea para actos cívicos y culturales de prestigio, un Conservatorio de Música, y su feria regional es un tanto diferente a la nuestra, allá se trata de la feria del libro y disco vasco, y se efectúa cada año convirtiendo a Durango en santuario de la cultura vasca por una semana. Las instalaciones sólo tienen 4200 metros cuadrados y cada año hay más de 600 novedades literarias y más de 20 mil ejemplares diferentes. Para los visitantes, el Hotel Kurutziaga se localiza en el centro de la ciudad. Un monumento que me llamó la atención sobremanera es el Andra Mari Elizpeko baso-arkupeak ,una especie de bodega al aire libre donde los durangarras o durangueses se concentraron para salvar sus vidas ante los bombardeos de la guerra de 1936 y que es hoy motivo de reunión social.

La industria del hierro es hoy una floreciente industria que goza de crecimiento sostenido y es vital para la economía del Durango actual, una ciudad limpia y ordenada, con una historia rica y diversa, interesante, culta, con una población responsable y comprometida con sus orígenes. De paso por un pequeño parque conozco un pequeño monolito donde se encuentran los escudos de los tres Durangos: España, México y Estados Unidos.

Paso por la muy bella iglesia de Santa Ana, los durangarras son amables pero recios y sí les llama la atención de un periodista mexicano "del Durango de México".

En el kiosco de enfrente me compro la prensa del día, se consume “El Correo Español”, pero “Berria” está redactado en Euskera o idioma vasco, gusta mucho,”Deia” es otro diario y los tres son tabloides, me sorprenden como la prensa del país vasco trata la visita de la Secretaria de Estado Norteamericano Condorizza Rice y con qué cuidado aborda el asunto de Eta y lo puntual que son sus articulistas en lo fino de sus plumas. En España la televisión tiene aún poco desarrollo y el nivel de lectura es alto, los tres periódicos vascos se agotan en todas las ciudades.

Hace tres años, Pilar Ardanza Uribarrén que era alcaldesa de Durango España se admiraba de las similitudes tan cercanas entre las dos ciudades, ambas son boscosas, tienen actividades mineras y ferróneas, son montañosas y el ecoturismo tiende a ser una actividad económica creciente. Y lo primero que pregunto es por ella, pero no logro contactarla, aunque Durango España es una ciudad tan pequeña que todos se conocen, con sus menos de 16 mil habitantes, sorprende que el Durango mexicano tenga medio millón de habitantes, “Como Bilbao” responde sorprendido Antonio Palacios.
-Pilar trajo tus libros, los tenemos en el Ayuntamiento y por tus fotos conocemos cómo es Durango, México-me dice Antonio Palacios. Mandan buscar a Pilar Ardanza, pero ella ha salido a San Sebastián.

Finalmente conozco a Natalia De-Naverán directora de turismo del Durangoko Udala (Ayuntamiento de Durango), quien abunda, explica y me obsequia lo mejor que puede dársele a un periodista: un libro y una sonrisa amable. En una tienda pequeñita compro una bandera del país Vasco con sus colores verde blanco y rojo, una boina y una medalla. Antonio se despide pues me ha dedicado casi el día y me detengo un momento en la monumental, entrada de Santa Ana a contemplar lo que es la ciudad, que posee una riqueza comercial e industrial notoria y pujante pero que no pierde el sosiego de la aldea, clásica cantábrica descrita así en algunos poemas de Machado y más en las canciones de Serrat. “Cuando lo pequeño es hermoso y lo grande sublime, lo cotidiano resulta placentero”, me dicen los durangarras donde encontré una sociedad amable y abierta, una autoridad conciente y responsable, una ciudad que enamora y un adiós del que los poetas hablan, como el amor que se va pero se queda.

La Monja se Esconde

Es un orgullo viajar
por esta región
pues tengo presente
que aquí en Durango nació
el hombre que fue
primer Presidente;
y algunos años después
San Juan vio nacer
a Francisco Villa
ese caudillo que fue
capaz de llegar
también a la silla.
Niños que sin descansar
pregonan "La Voz",
y "El Sol de Durango",
cuando la hermosa ciudad
después de soñar
está despertando,
mientras en la Catedral
se escuchan sonar
campanas de bronce
y ante el reflejo solar,
como una ilusión
LA MONJA SE ESCONDE.

Letra completa y Música de:
José Angel Espinoza Aragón "Ferrusquilla"

La historia de un lobo llamado “El viento”

LOBO GRIS MEXICANO (Canis lupus baileyi) Ya en la Conquista, los españoles sufrieron grandes bajas en sus ganados a causa de los lobos que en esa época eran numerosos y habitaban en toda la Nueva Vizcaya. Los lobos mataron vacas, becerros, chivos, borregos y todo animal doméstico que los españoles tenían en sus haciendas, significándose en un depredador peor que los osos, peor que el puma y el jaguar. El lobo perduró siempre en su habitat original, es decir toda la Nueva Vizcaya que incluía el territorio de lo que hoy es Durango, hasta hace unos 70 años en que la modernidad en armas, venenos y trampas dio la ventaja final a los rancheros y ganaderos que acabaron con el lobo. La dieta del lobo incluyó venados, jabalíes, borregos salvajes, conejos y roedores.
El lobo es un depredador fantástico y fascinante y sobre él y su naturaleza se escucharon historias inverosímiles como una que escuché en Cacaria, acerca de un lobo tan inteligente que jamás pudo ser cazado y lideró una manada junto a su hembra fiel compañera de toda su vida; hombres y animales se paralizaban de terror al escuchar su aullido en los vastos valles, en las altas sierras al caer la noche. Deambuló por Guatimapé, Coneto, Promontorio, Lajas, San Juan del Río, Gamón y Covadonga y jamás fue cazado, jamás se le volvió a ver, por eso ganaderos y rancheros lo llamaron, “El Viento”…
Ernest Thompson Seton ,cazador norteamericano escribió una historia parecida que llamó The King of Currumpaw Valley en Nuevo México. El parecido de la historia es tan cercana a la de Durango.
¿Será referencia a “El Viento”?

Piensa como las montañas

“llegamos a donde estaba la vieja loba a tiempo para ver extinguirse en sus ojos un feroz fuego verde. Entonces me di cuenta y lo he sabido desde entonces que hubo algo que solamente ella y la montaña supieron. En esa época yo era joven y estaba ansioso por jalar el gatillo. Pensaba que menos lobos significarían más venados, que la ausencia de lobos significaba el paraíso del cazador. Pero después de ver morir ese fuego verde, sentí que ni la loba ni la montaña estaban de acuerdo con aquel modo de pensar”.

Aldo Leopold
A Sand County Almanac
1949

El Gran Desierto de Chihuahua

Duro, agreste, misterioso y fascinante, cuya característica es la falta de lluvias, lo que lo convierte en un área especial donde sus moradores comparten la difícil tarea de la supervivencia. Acá todo es superlativo, la escasez y la abundancia, el frío y el calor. Emporios industriales han crecido gracias al esfuerzo de sus habitantes. El Gran desierto de Chihuahua abarca una parte importante del norte y centro de Durango incluyendo el Bolsón de Mapimí y la Zona del Silencio. El ardoroso sol del mediodía veraniego puede llegar a los 50 grados C y las noches repletas de estrellas y constelaciones en donde se puede apreciar el cielo del norte con Polaris como punto de referencia sobre el horizonte,que registran muy bajas temperaturas. La vida y la muerte se entienden, y aquí no hay lugar para los débiles.
El Gran desierto de Chihuahua nombre común para los 634.800 KM2 que comprende el también llamado Altiplano mexicano, abarca los estados de Chihuahua, Durango, Coahuila, Nuevo León, Zacatecas y San Luis Potosí, es decir el 68% de este desierto está en nuestro país y hablando de sanidad florística y faunística del hábitat, el 70% del área está intacto. Además el Desierto de Chihuahua se extiende a Nevada, Texas, Arizona y Nuevo México en los Estados Unidos.
El 50% del estado de Durango es realmente parte del Desierto de Chihuahua, una parte de la región de los Valles, y de los Llanos, la Región lagunera y el Bolsón de Mapimí integran en Durango el Desierto de Chihuahua. Este desierto es lo que se conoce como “desierto de sombra de lluvia” significa que las montañas que lo rodean impiden que llegue la humedad del Golfo de México y del Océano Pacífico lo que da condiciones áridas uniformes típicas de la región. Todo el desierto tiene altitudes que van de los mil a los mil quinientos metros sobre el nivel del mar y sólo las sierras llegan a tener 1800 MSNM que se conocen como “Islas de montañas y mares de desierto” y supone una gran biodiversidad. En Durango los municipios que componen el Desierto de Chihuahua son: Ocampo, El Oro, Villa Hidalgo,una parte de Guanaceví, Indé, San Juan del Río ,Rodeo, Nazas, San Luis del Cordero, San Pedro del Gallo, Santa Clara, Cuencamé, Poanas,en parte consideramos a Guadalupe Victoria y Peñón Blanco, Súchil, Guerrero, Mezquital, Mapimí, Simón Bolívar, San Juan de Guadalupe, Tlahualilo, Lerdo y Gómez Palacio.
Las regiones de Durango que están comprendidas en el llamado Gran desierto de Chihuahua son parte los Valles, parte los Llanos y todo el Semidesierto de la comarca lagunera y el Bolsón de Mapimí.

Buho Cornudo

BUHO CORNUDO (Bubo virginianus) me encantó hacer esta foto. Encontré el rapaz una noche anterior y al amanecer lo seguí dos o tres horas cargando un pesado telefoto de 600mm. De repente no lo vi más pero una parvada de Charas de Steeler me lo descubrieron haciendo un enorme escándalo y picoteándolo antes de robar los nidos. Ante el barullo lo descubrí, me aposté en el suelo y con un enfoque manual pude hacer esta foto justo al momento que el búho volteó sus ojos hacia mi.

Aguililla de Harris

ÁGUILILLA DE HARRIS (Parabuteo unicinctus) aguililla del desierto y de los matorrales, experta cazadora con una visión privilegiada como todas las rapaces. Con paciencia, observándola largas horas pude hacer esta foto en el justo momento de caer sobre una serpiente.

Águila de Cabeza Blanca

ÁGUILA DE CABEZA BLANCA (Bald Eagle) esta foto la tomé en el cauce del Río Chilcoat en Alaska durante una exploración fotográfica, es el aguila más grande y símbolo nacional de los estados Unidos de América. Su radio abarca casi toda Norteamérica incluso hay quienes la han visto en el semidesierto de Durango.

Venado Cola Blanca

COLA BLANCA (Odocoileus virginianus) Se encuentra en todo Durango. Tiene una pequeña cola blanca que levanta cuando corre. La panza es blanca y el color de su pelaje puede ser gris o café. Sus cuernos pueden tener hasta 10 puntas aunque 8 es lo común. Los venados son ramoneadores es decir comen frutos de diversas ramas de árboles aunque temporalmente comen pasto y hierbas. también les gusta comer de las cosechas especialmente frijol y maíz, y toda clase de frutas además de una mata espinosa que los ejidatarios de Durango llaman “brinca Juan” (cercocarpus o encinillo).

Chichimoco

CHICHIMOCO o Chip Munk. Hay 35 especies de ardillas en México, de estas 13 son endémicas y 8 de ellas presentan una categoría de riesgo. Los chichimocos también son ardillas y viven en los bosques de pino-encino .Por su nombre latino todos los chichimocos son Tamias y hay cinco subespecies , dos son endémicos :El bulleri y el durangae. El merriani está es riesgo de extinción. El Tamias durangae debe su nombre al estado de Durango y su endemismo está amenazado. Los chichimocos y ardillas son grandes reforestadores del bosque. Pasa que esconden las semillas de pinos y encinos y luego olvidan dónde las dejaron y de estas semillas brotan nuevos árboles. Por eso ardillas y chichimocos deben ser protegidos.

Oso Plateado

OSO PLATEADO (Ursus Arctus Horribilis) A principios del siglo XX abundó en el norte de Durango. Ninguno de los mamíferos terrestres nativos de México es tan grande como el Horribilis. Ningún animal tiene su fuerza y confianza. No le teme a nada. Pumas, osos negros y lobos lo eludían. Hoy sólo hay algunos individuos en el Cerro de La Campana en Chihuahua y puede considerarse ausente de la geografía mexicana, no así el oso negro que prospera en el Norte de Coahuila en las inmediaciones de las serranías de El Carmen y el Burro. Ya se han hallado rastros de osos en el municipio de Guanaceví.

Coyote

COYOTE (Canis latrans) De los carnívoros salvajes duranguenses el coyote es el que más se ve o se oye. Auuuuu!!!! Su aullido puede escucharse al atardecer o noches en toda la geografía desde el semidesierto, hasta los valles y las montañas. Cuando se acercan a un campamento donde haya una hoguera los coyotes aullan tanto como se si tratara de una serenata.No forman bandas como sí lo hacían los lobos aunque pueden aparecer familias de hasta 5 ó 10, pero esta unión es temporal pues el coyote normalmente caza solo o con su pareja. Come conejos, pájaros, ardillas pero también saborea las cosechas del hombre como el maíz.

Gato Montés

GATO MONTÉS (Linx rufus) gato de monte, lince o bobcat, del tamaño de un perro mediano, habita en todo Durango aunque no es fácil verlo pues aparece y caza de noche. Es un depredador natural y aparte de los gallineros no hace daño a nadie. Come conejos ratones y ardillas, si se le acorrala es valiente y feroz, un perro rara vez lo puede vencer no se acobarda como sí lo hacen los coyotes y las zorras. Puede matar codornices y venados pequeños. Su principal enemigo es la incultura del hombre y la caza furtiva. Éste fue fotografiado en las proximidades de la Ciudad de Durango intentando robar una gallina.